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Giménez declarará recién en febrero
En medio de un fuerte dispositivo de seguridad, coordinado por el Grupo de Operaciones Policiales de Alto Riesgo (Gopar), el exsubcomisario Gabriel Giménez fue puesto ayer a disposición del juez federal de feria, Miguel Antonio Medina, quien ordenó su traslado en la cárcel de General Guemes, mientras se resuelve su situación procesal.
Giménez, quien se hallaba prófugo desde el 25 de mayo de 2011, cuando escapó de un procedimiento en el que secuestraron 50 kilos de cocaína, fue apresado el lunes en Santa Cruz de la Sierra por policías del vecino país.
Tras su deportación, por su situación migratoria irregular, una comisión de la Policía de Salta se encargó de llevarlo en la mañana de ayer ante el juez Medina. Las medidas de seguridad desplegadas dentro de la sede judicial, sus accesos y las arterias próximas ocuparon a decenas de efectivos, un vehículo blindado del Gopar, dos camionetas de Drogas Peligrosas, patrulleros del 911 y varios motoristas. El despliegue incluyó cortes de calles y retenes que mostraron la sede de la Justicia Federal vallada como pocas veces a la prensa. Dentro del Juzgado Federal 2, bajo un clima de secreto de sumario e incomunicación, Giménez expresó ante el juez Medina; la secretaria Penal, María Isabel Falú, y el fiscal federal en turno de feria, Ricardo Toranzos, su deseo de ser asistido por el abogado Marcelo Arancibia.
El juez dispuso la correspondiente notificación al letrado, el traslado del encausado a la cárcel federal de Guemes y su comparencia hoy para la indagatoria.
Horas más tarde, Arancibia, quien defiende también a los dos hermanos de Giménez imputados en el expediente, anticipó que planteará ante Medina la voluntad de su defendido de declarar ante el juez de la causa, Julio Bavio, quien retomará su función tras la feria en febrero.
La noche del destape
Cerca de la medianoche del miércoles 25 de mayo del año pasado, policías de la División Rural protagonizaron una impensada persecución que desnudó uno de los hechos más escandalosos en el seno de la fuerza provincial de seguridad.
Una patrulla recorría la ruta 8, un viejo y descuidado camino de ripio, frecuentado por cuatreros, traficantes de fauna y evasores de controles sanitarios, en Guemes. En medio de la espesa noche, se topó con un Fiat Uno gris, que giró en “U”, e inició una fuga que se extendió por 30 kilómetros. Una piedra de gran tamaño terminó con el tren delantero del automóvil y permitió el primero de una serie de insospechados apresamientos.
Para asombro de los rurales, el oficial principal Carlos Gallardo, jefe de la recién creada sección fronteriza de Inteligencia Criminal, en Tartagal, manejaba el vehículo y admitió que, en su huida, había arrojado mochilas con cocaína. La búsqueda de la droga se extendió casi hasta el límite con Jujuy, con la intervención de 120 policías a pie, diez montados y seis canes.
Finalmente, fueron hallados dos bolsos con casi 50 kilos de droga, aunque, según habría indicado Gallardo en su declaración a la Justicia, había otras cuatro mochilas similares que nunca fueron encontradas.
En los rastrillajes, los policías dieron primero con un VW Crossfox y luego con un VW Bora en los que viajaban un colombiano que logró escaparse y sigue prófugo, José Irahola Silverman; el subcomisario que también se evadió y fue apresado el pasado lunes en Bolivia, y dos hermanos suyos que terminaron detenidos en aquel rastrillaje: Carlos Javier (29) y Luis Fernando Giménez (43). Días después ambos dijeron ante el juez Bavio que habían ido hasta Guemes a socorrer a su hermano, porque se había quedado con su automóvil. Defendidos por el abogado Arancibia, salieron en libertad bajo fianza un mes y medio después. |
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